jueves, 29 de abril de 2010

Los placeres de la carne


Yo no dudo de la magnética personalidad cargada de erotismo del obispo de Tenerife. Ya lo podéis ver en la foto. Un porte regio y altivo que parece escupirte a la cara: “soy como un buen vino, mejoro con la edad y me reservo para alguien o algo más importante que tú”. Es evidente que tan portentoso macho alfa no podría pasar desapercibido por los efebos pecaminosos, ni siquiera aún haciendo los votos. Es cierto que él se reserva para nuestro señor, posiblemente éste lo coloque a su derecha o, incluso, en medio de sus pantorrillas.
  
La presión a la que se enfrenta tal individuo, a parte de desproporcionada, es infundada. Es obvio que no puede ser fácil estar siempre rodeado de jovenzuelos con las hormonas rebosantes de brío. Pero en eso consisten los votos, en una prueba de fuerza personal que mediante la carestía refuerza tu voluntad en dios nuestro señor. Por eso no entiendo por qué tratar con tan mala saña, y sin ponernos en su lugar, a este individuo. Su único fallo ha sido ser sincero, donde otros prelados se alejan de las declaraciones o la sinceridad. Unas palabras que no pueden ser condenadas, si acaso sólo elogiadas por su valentía y arrojo:

"Puede haber menores que sí lo consientan y, de hecho, los hay. Hay adolescentes de 13 años que son menores y están perfectamente de acuerdo y, además, deseándolo. Incluso si te descuidas te provocan. Esto de la sexualidad es algo más complejo de lo que parece"

Estoy seguro que este buen hombre, de moral intachable, sabe muy bien lo compleja que es la sexualidad. Sobretodo habiendo pasado por el seminario, sin duda un sitio donde los castos, difícilmente vivirán tranquilos. No podría afirmar el significado de la primera frase. Yo lo entiendo como una prueba que él mismo tendió, o tiende, a los efebos, para medir su lujuria y aplacarla con la liturgia. Supongo que su basta experiencia le vale para saber casos particulares de menores predispuestos. Niños de trece años que te provocan con contoneos y caídas de ojos. Entiendo que para que medie provocación, debe haber un sentimiento mutuo, puesto que por mucho que provoque alguien, si no tiene terreno donde dar rienda suelta a la provocación, queda en nada. De todas maneras, sólo puedo pensar en la soledad de un hombre, que interpone sus creencias a los placeres de la carne. Con una experiencia vital comparable a Nacho Vidal, un hombre que ha sentido las bajezas humanas, quizás en él, y lucha contra las debilidades de la carne con todas las armas posibles. No sé vosotros, pero tengo claro que si me encontrara con él, no podría apartar la mirada de su figura, tan íntegro, tan macho...

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