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miércoles, 5 de enero de 2011

Parodia Papal



RAE
  
parodia.

(Del lat. parodĭa, y este del gr. παρῳδία).

1. f. Imitación burlesca.


Como define la RAE, una parodia es una imitación burlesca. No soy fan de Mota, me parece zafio hasta el extremo, pero tengo que reconocerle que de todo el abanico de perlas que el representante de dios en la tierra nos ha dejado este año, la imitación del cómico es incluso más benévola que la realidad. Supongo que por eso ha triunfado en la red, desde luego no hubiera sido plato de buen comer una imitación burlesca del Papa extendiendo la rara avis del comportamiento pro-efebos, de muchos de los altos cargos eclesiásticos. Por lo tanto aplaudo el involuntario lavado de cara que le ha ofrecido el humorista al Papa, ya que enternece ligeramente la figura de alguien torpe en el extremo en lo que de cara al público se refiere, pero me parece triste que de algo que podría haber sido más mordaz termine como todo lo que Mota hace, vacío y sin espíritu. No creo que la cosa a nivel general, esté para tonterías tan simplistas, ni que la figura de Jefe del estado Vaticano no de para más, cuando en algunos momentos ha rozado la ilegalidad.

martes, 21 de septiembre de 2010

Jornada de reflexión

No puedo, ni debo explicar los muchos sucesos que han acontecido los últimos meses. Dejé de escribir primero por asco, luego por imposibilidad e incomunicación y por último, más recientemente, por impotencia.

Antes de verano, tuve que pasar una serie de circumstancias complicadas que produjeron en mí, sentimientos encontrados y una falta de tiempo agobiante. Despúes me he incomunicado, un mes y medio por vacaciones. Finalmente, al llegar intenté retomar el blog como si nada hubiera pasado y ciertamente, creo que no pude hacerlo. Es muy difícil evadirse de la realidad, es cierto que he estado muy ocupado, pero no he conseguido olvidar lo mal que van las cosas en general. No personalmente a mí, pero sí que socialmente el panorama político catalán, del que formo parte, se parece cada vez más, salvando las distancias, a la Alemania de entreguerras. Cada vez veo con mayor desagrado, el absurdo de unos y la impotencia pasiva de otros.

Es posible que se me haya juntado todo, no lo sé. Pero he intentado reflexionar. Mi asco no se enfocaba solamente en escribir, si no que he evitado por todos los medios no informarme de absolutamente nada. Craso error. Nunca huir como un niño, sirve de nada. Para mi el blog es un ejercicio personal y el hecho de informarme una necesidad. Por eso vuelvo a escribir o como mínimo intentaré volver a la rutina.

Saludos a todos,

Saúl González Claros

jueves, 6 de mayo de 2010

Caminante no hay camino, sino estelas en la mar.

 Estoy vegetando enfrente del ordenador. Mi conciencia apenas dilatada pasa, por momentos, de un estado parecido a la vigilia a un estado de pasiva consciencia. Me cuesta despertarme, me cuesta reconocer el nuevo día. Una sucesión de momentos con  un final oculto que no podré ver. No sé exactamente qué es la vida y tampoco sé qué es la  muerte. Ando por el mundo sin saber nada de las dos cosas más importantes de mi existencia. Vivo en un estado gris que distorsiona lo que vivo en sí. Entonces me pregunto si en realidad soy consciente de mi vida, o por el contrario vivo un cuento. Sinceramente no lo sé. Quizás la cuestión, quizás lo importante, sea eso: vivir la vida como si fuera un sueño. De suceso en suceso, de trama a trama, como una sucesión de cortos animados que desenbocan, aunque el final sea el mismo, no siempre en un final.

Digo en “Más sobre mí” que me gusta hacer cosas. Es cierto. Pero para entender que hago cosas, primero debo entender que no hago nada. Que realmente la mayoría de las cosas que haga, si no su totalidad, no van a servir para nada. La vida es extraña, pero para una persona que no suele sorprenderse, reconozco que el surrealismo al que a veces me veo abocado supera toda elucubración posible. A veces me desanimo. Otras me desespero. Pero continúo adelante, o hacia algún lado. Puesto que la meta es lo de menos, lo que importa es estar en marcha. Machado dijo:

Caminante, son tus huellas
el camino y nada más;
Caminante, no hay camino,
se hace camino al andar.
Al andar se hace el camino,
y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar.
Caminante no hay camino
sino estelas en la mar.

Acabo de darme cuenta de que Antonio llegó al punto de inflexión. Conocedor real del sentido de la vida, que no es otro que caminar. La vida no tiene sentido, se crea el sentido al andar. Todo lo que hagas, dejes de hacer, hables o calles, es en realidad un trozo onírico al que das forma. Al final lo que queda para todos, es el trozo, nada más. Un trozo que, con suerte, conservará la forma. Por eso, caminante no hay camino, sino estelas en la mar.

viernes, 30 de abril de 2010

Ciega crítica

Existe una corriente de pensamiento ampliamente extendida, que consiste en opinar del trabajo ajeno. Como el que no quiere la cosa, la táctica es criticar de forma sistemática y mayormente infundada. Esto provoca dos cosas: primero que la tarea se eternice y segundo la degradación de la tarea en sí. ¡Ojo! Yo no digo que la crítica constructiva fundamentada en verdaderos motivos no sea necesaria, incluso imprescindible, pero sí ataco a cualquiera que se limite a criticar sin tener la menor idea.

La cultura del relativismo imperante, en la que todo el mundo puede opinar sobre cualquier cosa siendo siempre lícito y respetable, propicia la metastatización de la opinión libre. A mi modo de ver, no todo el mundo debe creer que su opinión es válida, para cualquier cosa. Se está perdiendo el “sentido común”. La sociedad ha perdido el respeto, o como mínimo el entendimiento de la dimensión de las cosas. Yo creo que todo el mundo debe aprender, debe crecer, debe experimentar y opinar. Pero para mí es tan importante aprender, como aprender lo que se aprende. La constatación general es que se ha perdido, prácticamente, ese saber que no sé nada. Yo, por ejemplo, sólo opino sobre lo que realmente tengo algo que decir, sino me callo y escucho. Pues bien saben los que me conocen que, igual que me gusta hablar cuando tengo algo que decir, me gusta escuchar cuando tengo algo que aprender.

Como soy de los que piensan que no todo vale, creo que el relativismo moral no ayuda a las ideas. Suficiente tenemos ya con tener que pensar, como para encima tener que luchar contracorriente. En este sentido, vivimos tiempos extraños. Ese todo vale, ese relativismo se ha implantado con fuerza. Suficiente fuerza como para que los fascistas renazcan y pretendan juzgar al demócrata, dentro de la democracia. O como para que veamos manifestaciones en contra de derechos, totalmente inocuos, para los demás. Una cosa que me impactó muchísimo fue cuando se implantó el matrimonio homosexual, golems animados manifestándose en contra de derechos ajenos. Realmente aquella temporada lo pasé mal. Porque por perderse, se ha perdido hasta la vergüenza de saber que lo que piensas puede, no siempre, ser egoísta o sectario.

miércoles, 14 de abril de 2010

Orgullo

Doblemente dolorosa fue la guerra, primero por contienda y segundo por injusta. De común acuerdo, se dice, que todas las guerras son malas. Aún así, hay guerras quizás por el desenlace o los motivos, que  magnifican el dolor de un pueblo. Para mí un dolor intenso, desgarrador. Un sufrimiento que surge atacando mi sentido de justicia y que aun ahora, me roba lágrimas de vez en cuando. Le cuesta a mi orgullo asimilar la pérdida y le cuesta a mi corazón asimilar el dolor. De todas maneras, lo que un joven del ochenta y siete sienta de una guerra olvidada largos años ha, no es comparable con lo que sufrieron los esperanzados luchadores contra la represión.

A veces intento entender, por qué celebrarlo. En parte es una derrota, o como mínimo un recuerdo doloroso, pero no obstante sacamos las banderas a la calle o llevamos la letanía por dentro. Quiero pensar que la gente puede entender y recordar el significado de la república. Ahora, más allá de las interpretaciones históricas, la proclamación de la Segunda República ha dejado como legado la ilusión, el sentimiento de un futuro mejor. Para los que no lo sepan, la tricolor representa la ruptura de lo rancio, la revolución de las ideas modernas en un erial del pensamiento crítico. Por eso algunos recordamos con fidelidad, más que cariño, las ingenuas intenciones de personas que acabaron dando su vida en lid por la justicia de lo democrático.

Todo esto es más que si monarquía sí o no, lo supera. No se trata tampoco de una pataleta histórica, como muchos quieren creer. Se trata del sentido del deber, del honor y la justicia. Se trata de cómo una idea consiguió inflamar las esperanzas de un pueblo que cayeron bajo el miedo y la ignorancia. Se trata de varias generaciones de ideas perdidas, de la oscuridad del sin sentido, de la iglesia y sus misas en latín... En definitiva, se trata de todos los valores democráticos y legítimos por los que se luchó y murió. Por eso quería explicar de una manera, más o menos clara, a lo que atribuyo yo esas lagrimas sobrevenidas en momentos de apuro. Unas lágrimas que no son de derrota, sino de orgullo.