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viernes, 31 de diciembre de 2010

Feliz año


Yo no creo en nada generalmente y tampoco haré una excepción con cualquier fantasía alrededor del cambio de año. Pero sí que pienso que los puntos de partida mentales y estructurales, son beneficiosos. La llegada del nuevo año y el final del presente, es un punto de inflexión. Un punto de inflexión que nos permitirá encontrar nuevas oportunidades que explorar. Por eso valoro especialmente el fin de año por encima de las demás fechas navideñas, obviando por supuesto reyes cuando aún mantenía mi inocencia más o menos impoluta. Por eso espero que vuestra entrada en éste 2011 sea lo mejor posible, que lo paséis con la gente que queréis y os quiere, y por supuesto, que tengáis la suerte de tener la iniciativa y las ganas para abordar la vida con fuerza.

FELIZ AÑO

jueves, 6 de mayo de 2010

Caminante no hay camino, sino estelas en la mar.

 Estoy vegetando enfrente del ordenador. Mi conciencia apenas dilatada pasa, por momentos, de un estado parecido a la vigilia a un estado de pasiva consciencia. Me cuesta despertarme, me cuesta reconocer el nuevo día. Una sucesión de momentos con  un final oculto que no podré ver. No sé exactamente qué es la vida y tampoco sé qué es la  muerte. Ando por el mundo sin saber nada de las dos cosas más importantes de mi existencia. Vivo en un estado gris que distorsiona lo que vivo en sí. Entonces me pregunto si en realidad soy consciente de mi vida, o por el contrario vivo un cuento. Sinceramente no lo sé. Quizás la cuestión, quizás lo importante, sea eso: vivir la vida como si fuera un sueño. De suceso en suceso, de trama a trama, como una sucesión de cortos animados que desenbocan, aunque el final sea el mismo, no siempre en un final.

Digo en “Más sobre mí” que me gusta hacer cosas. Es cierto. Pero para entender que hago cosas, primero debo entender que no hago nada. Que realmente la mayoría de las cosas que haga, si no su totalidad, no van a servir para nada. La vida es extraña, pero para una persona que no suele sorprenderse, reconozco que el surrealismo al que a veces me veo abocado supera toda elucubración posible. A veces me desanimo. Otras me desespero. Pero continúo adelante, o hacia algún lado. Puesto que la meta es lo de menos, lo que importa es estar en marcha. Machado dijo:

Caminante, son tus huellas
el camino y nada más;
Caminante, no hay camino,
se hace camino al andar.
Al andar se hace el camino,
y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar.
Caminante no hay camino
sino estelas en la mar.

Acabo de darme cuenta de que Antonio llegó al punto de inflexión. Conocedor real del sentido de la vida, que no es otro que caminar. La vida no tiene sentido, se crea el sentido al andar. Todo lo que hagas, dejes de hacer, hables o calles, es en realidad un trozo onírico al que das forma. Al final lo que queda para todos, es el trozo, nada más. Un trozo que, con suerte, conservará la forma. Por eso, caminante no hay camino, sino estelas en la mar.

viernes, 30 de abril de 2010

Ciega crítica

Existe una corriente de pensamiento ampliamente extendida, que consiste en opinar del trabajo ajeno. Como el que no quiere la cosa, la táctica es criticar de forma sistemática y mayormente infundada. Esto provoca dos cosas: primero que la tarea se eternice y segundo la degradación de la tarea en sí. ¡Ojo! Yo no digo que la crítica constructiva fundamentada en verdaderos motivos no sea necesaria, incluso imprescindible, pero sí ataco a cualquiera que se limite a criticar sin tener la menor idea.

La cultura del relativismo imperante, en la que todo el mundo puede opinar sobre cualquier cosa siendo siempre lícito y respetable, propicia la metastatización de la opinión libre. A mi modo de ver, no todo el mundo debe creer que su opinión es válida, para cualquier cosa. Se está perdiendo el “sentido común”. La sociedad ha perdido el respeto, o como mínimo el entendimiento de la dimensión de las cosas. Yo creo que todo el mundo debe aprender, debe crecer, debe experimentar y opinar. Pero para mí es tan importante aprender, como aprender lo que se aprende. La constatación general es que se ha perdido, prácticamente, ese saber que no sé nada. Yo, por ejemplo, sólo opino sobre lo que realmente tengo algo que decir, sino me callo y escucho. Pues bien saben los que me conocen que, igual que me gusta hablar cuando tengo algo que decir, me gusta escuchar cuando tengo algo que aprender.

Como soy de los que piensan que no todo vale, creo que el relativismo moral no ayuda a las ideas. Suficiente tenemos ya con tener que pensar, como para encima tener que luchar contracorriente. En este sentido, vivimos tiempos extraños. Ese todo vale, ese relativismo se ha implantado con fuerza. Suficiente fuerza como para que los fascistas renazcan y pretendan juzgar al demócrata, dentro de la democracia. O como para que veamos manifestaciones en contra de derechos, totalmente inocuos, para los demás. Una cosa que me impactó muchísimo fue cuando se implantó el matrimonio homosexual, golems animados manifestándose en contra de derechos ajenos. Realmente aquella temporada lo pasé mal. Porque por perderse, se ha perdido hasta la vergüenza de saber que lo que piensas puede, no siempre, ser egoísta o sectario.