Sufrimos un problema de identidad. Actualmente no vivimos un momento inspirador, ni siquiera un momento alentador. Nos encontramos en un punto de inflexión en el que deberemos elegir. La elección consistirá entre la verdad y la mentira, la lucha o la pasividad, la inteligencia o la estupidez... Estoy hablando concretamente de la necesidad de reverdecer nuestras ideas.
Poco a poco, y en parte por efecto del sistema democrático, la política se ha convertido en el reducto del utilitarismo. Tenemos que volver a las ideas, ponerlas en práctica. Debemos luchar por lo que creemos que es lo mejor. Como socialistas, nuestro deber moral es acortar las diferencias entre las personas: no viviendo el espejismo de que todos somos iguales, saber que la igualdad consiste en la igualdad de los diferentes y en acortar las diferencias de los iguales. No todo son las grandes ideas. Vivimos un momento en el que hemos perdido en parte el rumbo. Necesitamos recuperarlo, necesitamos recuperar la inocencia y la ilusión por hacer las cosas bien. No podemos permitir que la maldad de unos pocos consiga que el resto desertemos. Soy joven, pero no estúpido. He visto cómo personas carentes de escrúpulos entorpecían o destruían la labor de los que sí luchaban por lo que es justo.
Puede parecer que soy idealista, nada más lejos de la verdad. Soy realista, porque aún viendo las dificultades y las trampas, intento cambiar las cosas usando herramientas reales. Creo que el fin justifica los medios, siempre que los medios no te alejen del fin. Por eso yo digo, si no te gusta lo que hay, cámbialo. Si crees que la política es corrupta y que no tiene remedio, participa. Si no crees que todos debemos participar de nuestro futuro, es que eres ciego. Por eso, lucha por un mundo mejor o por ser tú mejor. En realidad, lo importante es la lucha en sí, es perseguir con voluntad inquebrantable el fin y hacer todo lo posible por el camino. Ya que si todos hiciéramos algo, al final ese algo sería un todo.
Poco a poco, y en parte por efecto del sistema democrático, la política se ha convertido en el reducto del utilitarismo. Tenemos que volver a las ideas, ponerlas en práctica. Debemos luchar por lo que creemos que es lo mejor. Como socialistas, nuestro deber moral es acortar las diferencias entre las personas: no viviendo el espejismo de que todos somos iguales, saber que la igualdad consiste en la igualdad de los diferentes y en acortar las diferencias de los iguales. No todo son las grandes ideas. Vivimos un momento en el que hemos perdido en parte el rumbo. Necesitamos recuperarlo, necesitamos recuperar la inocencia y la ilusión por hacer las cosas bien. No podemos permitir que la maldad de unos pocos consiga que el resto desertemos. Soy joven, pero no estúpido. He visto cómo personas carentes de escrúpulos entorpecían o destruían la labor de los que sí luchaban por lo que es justo.
Puede parecer que soy idealista, nada más lejos de la verdad. Soy realista, porque aún viendo las dificultades y las trampas, intento cambiar las cosas usando herramientas reales. Creo que el fin justifica los medios, siempre que los medios no te alejen del fin. Por eso yo digo, si no te gusta lo que hay, cámbialo. Si crees que la política es corrupta y que no tiene remedio, participa. Si no crees que todos debemos participar de nuestro futuro, es que eres ciego. Por eso, lucha por un mundo mejor o por ser tú mejor. En realidad, lo importante es la lucha en sí, es perseguir con voluntad inquebrantable el fin y hacer todo lo posible por el camino. Ya que si todos hiciéramos algo, al final ese algo sería un todo.


