Mostrando entradas con la etiqueta Crisis. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Crisis. Mostrar todas las entradas

jueves, 30 de septiembre de 2010

Tablero de juego


Tenemos que hacer algo. Cada día cuando enciendo la televisión veo lo mismo, hordas de pujantes neoliberales en todos los canales interpretando un papel, quizás sin saberlo, en el que son peones de un juego globalizado. Se intoxica por parte de la mayoría de los medios, a la población, a cuenta de unos denominados "expertos" que lo único que hacen es difamar de manera subversiva todos los pilares democráticos de este país. Uno de ellos son los sindicatos. Ayer me hastío el hecho de ver como se ponía en duda absolutamente la veracidad de todos los aspectos representativos de los sindicatos.

No voy a entrar a hacer una retahíla de agravios, supongo que la mayoría de los que os molestáis en leerme ya los sabréis. Lo que sí que voy a hacer es una reflexión necesaria: ¿somos consciente del ataque organizado que realiza desde hace décadas la derecha neoliberal en contra de cualquier tipo de organización ciudadana?. Si no me creéis reflexionad, el mismo partido popular, es una afrenta al significado del diccionario de "partido". Todos los días vemos un "partido" político que se basa en la difamación, con una pésima imagen, con nula integridad ante la corrupción y con una total ausencia de democracia interna, pilar de lo que se supone debe ser un partido democrático. Es obvio que a ellos no les afecta en sus votos ya que representan la esencia del caciquismo. La gente que les vota, o no tiene la capacidad para verlo o les da igual, obviamente no lo dirán en voz alta.

De esta manera, vemos como unos medios controlados por la derecha ponen en duda a los sindicatos,  necesarios desde la revolución industrial. Es revelador, si se para a pensar uno, el ataque aprovechado que se ha hecho de la huelga. Si es un éxito, pierde la izquierda porque se ha vendido, si no lo es, es un fracaso demoledor para los sindicatos. Posiblemente lo que debemos hacer es negarnos a jugar un juego en el que no podemos ganar. La izquierda, o los que lo intentamos ser, no puede ganar en un juego donde las reglas son liberal-fascistoides. Actualmente las políticas económicas no dependen del gobierno en realidad. Son controladas por agentes exteriores como la Unión Económica Europea, agencias de calificación y grandes piratas de la bolsa. Por lo tanto, ¿qué podemos esperar de un gobierno de izquierdas, que tiene las manos atadas para poder llevar a cabo jugadas de izquierdas en un juego de derechas? Pues que juegue según las reglas de la manera menos dañina para el colectivo. Creo no equivocarme si lo digo mirando las diferentes medidas que se han tomado, con más o menos acierto desde el gobierno. Bajar el sueldo de los funcionarios, en vez de despedirlos de forma masiva como se ha hecho en inglaterra, es un ejemplo.

Tenemos que cambiar la perspectiva, no tenemos que jugar al juego según las reglas. Lo que tenemos que hacer es cambiar el juego en sí. Se acabó, hay que cambiar el tablero de juego de una vez, sino estamos condenados a ver como poco a poco la falta de credibilidad nos mina de manera inexorable y acabamos desapareciendo de forma ideológica. O nos unimos todos y luchamos con las armas que tenemos para cambiar el sistema, o el sistema nos engullirá y nos hará desaparecer.

miércoles, 9 de junio de 2010

Mirarnos el ombligo

Las cosas van a cambiar, deben cambiar. No vivimos en un mundo estático sino dinámico. Algunos pretenden que todo siga igual, pero eso no es posible. En nosotros queda la alternativa, somos la mejor carta del futuro en una partida en la que las cosas no pintan muy bien. No sé qué piensan los ricos de todo esto. No sé si piensan que pueden mantener a su familia eternamente en la riqueza, o quizás les da igual. Nadie piensa ya en el futuro, lo que impera es el Yo y eso no nos lleva a ningún lado más que al espejismo que es el “presente”. Si no pensamos de una forma constructiva, nos encontraremos con que cuando queramos construir, no habrá piezas. Como he dicho, las cosas han de cambiar y van a hacerlo.  Simplemente, la forma en la que vivimos no es sostenible. Por lo tanto, ¿qué debemos hacer?. De nosotros depende que cambien, para bien o para mal.

Primero hemos de dejar de compadecernos. Es sencillo, todo el mundo en la medida de lo posible puede hacer algo por mejorar. Desde la esfera personal, tratando mejor a los que te acompañan en el camino, hasta cambios más relevantes como podría ser participar en lo que te rodea. Un giro hacia lo positivo hace falta. Vivimos desentendidos de la realidad,  en un hedonismo que está muy bien, pero no nos lleva a ningún lado. Sólo tenemos que fijarnos en lo que nos ha pasado. Una pequeña brisa acabó siendo un vendaval. Intentad pensar en qué pasará cuando lo que inicie la tormenta, sea por sí mismo un vendaval. ¿Qué pasará cuando el petróleo no sea viable? ¿Se está apostando por energías no renovables alternativas (porque renovable no hay nada en realidad) en la actualidad? ¿O quizás las empresas están mirando, como las personas, por un presente hedonista y turbulento? Aún siendo esto sólo un ejemplo más de los miles de ejemplos que presumiblemente nos van a tocar vivir, tenemos que tener en cuenta que todos y cada uno de nosotros jugamos un papel. Somos las herramientas de nuestro propio futuro y cuando está claro que el capital nunca se ha movido por los buenos sentimientos, ¿dónde estamos nosotros? Os diré donde no, en la calle. No estoy hablando de que salgamos a pasear, ni siquiera a manifestarnos. Hay que cambiar las cosas y desde luego no lo van a hacer solas. ¿Creéis que el sistema no funciona? ¿Qué se debe cambiar? Adelanto que sólo hay dos formas para cambiar el sistema: una es desde dentro y la otra desde fuera. Yo apuesto por cambiar el sistema desde dentro. Pero no hablo de cambios puntuales sino de un CAMBIO, un cambio real. Nos hacen creer que todo es estático, que hemos llegado a un punto en el que hemos asumido la “perfección”. Habría que decirle eso a la mayoría de la población mundial, que vive en la pobreza para mantener nuestra riqueza. El consumo está bien, comprar cosas, tener cosas, en definitiva, disfrutar del bienestar. Pero volvemos a lo mismo, no es bienestar comprarse 6 camisetas cada mes. Lo que es anatema, no es el consumo sino el consumismo.  ¿Creéís que el mundo podría soportar que cada persona se comprara 6 miserables camisetas de Zara al mes? Desde mi punto de vista sólo tenemos dos alternativas: o nos quitamos la careta y asumimos que como primer mundo necesitamos tener subyugados a otros que trabajen como esclavos, o apostamos por cambiar las cosas. Lo único que es cierto y no rebatible, es que lo que entendemos como presente no es sostenible.

Por lo tanto, ante lo anteriormente expuesto, qué crees que debes hacer. La crisis actual ,aunque parece horrible, es una tontería en comparación a lo que está por venir. No sé cuánto tardará, pero si era obvio que la burbuja inmobiliaria iba a explotar, o que el crecimiento perpetuo es una gran mentira (más que nada porque no hay nada que crezca eternamente), qué creéis que nos deparará el futuro. Si la amplitud de miras de los de siempre se mantiene al mismo nivel, desde luego, nada bueno. Pues cuando ellos y nosotros nos encontremos delante de la némesis, espero por nuestro bien que no lo dejemos todo en sus manos ya que inevitablemente en una de estas, llegará el fin.