jueves, 18 de marzo de 2010

Micción

Me levanto de la cama, como embargado de un espasmo. Algo tambaleante me dirijo al comedor donde, al mismo tiempo que me estiro, enciendo la tele. Desayuno y me tomo mis pastillas. Embargado con algo más que simple esperanza, hago el ejercicio manual de cambiar de canal. Supongo, que es algo automático. No sé qué debería esperar de una oferta televisiva donde a las ocho y media, dan un call tv. Sé que hay unos dos millones de nuevos parados, con la crisis, pero joder, dejadlos en paz. No intentéis ensañaros con los pobres que se hayan quedado despiertos, sumidos en un estado depresivo, a las nueve de la mañana. Curiosamente esto sucede en una cadena que debería tener algo de conciencia moral, ya que se dedica en la mayoría de sus programas a recalcar lo malos que son los demás. Yo no digo que no tengan razón y que el nombre del octavo círculo del infierno, no sea telecinco. Pero me gustaría levantarme una mañana y ver algo de calidad, en alguno de los canales. 

No sé si soy yo, que espero demasiado, o por el contrario realmente es tan soporífera la oferta televisiva. Los desayunos de la uno, a mi modo de ver, han ido rebajando el nivel desde que empezó Pepa Bueno. No es que esta reflexión haya surgido de una cavilación por mi parte, sino que cada vez me apetece menos coincidir en ese canal, al hacer el zaping matutino. El matinal de cuatro, me produce un fuerte sentimiento de desafección. Es como si estuviera viéndolo, pero al mismo tiempo, estuviera miccionando en el trono. Ana García Siñeriz, no me resultaba creíble cuando hacía de palo en canal+ y ahora de conductora de programa, menos. De Concha García Campoy me acuerdo que cuando empezó el programa, quizás por la novedad, me resultaba interesante. Pero ha acabado abusando de un modelo, basado en el morbo, que ya me aburre.
 
Telecinco y antena 3, son otra historia. Es como si te teletransportaras a un universo paralelo, donde un rancio surrealismo campa a sus anchas. Las dos cadenas compiten al mismo tiempo, a ver quien atufa más a la audiencia. Desde luego, considero que gana por goleada el programa de Ana Rosa. No he visto nada más vomitivo desde el tomate y sálvame. Yo, sinceramente, creo que los afamados fotógrafos de miseria humana, en vez de ir a espiar niños desnutridos*, deberían fotografiar semejante ataque moral a la humanidad. Ana Rosa, de la cual sólo sé algunas cosas de su vida y obra, para mi suerte, me parece una catequista de la sección femenina que ha acabado trabajando de madame en un burdel, por las circunstancias. Por muy libertino y sórdido que sea lo que le rodea, siempre vivirá con esa expresión de falsa perplejidad en la cara. Ya únicamente, me queda hablar de Espejo Público. No voy a decir gran cosa de antena 3, creo que se conoce la altura profesional de sus colaboradores. Sólo decir que, a veces conjuntamente con El programa de Ana Rosa, parecerían los cortesanos de la Corte de los prodigios o una suerte de circo del horror. 

Cómo reflexión final, quizás haya exagerado algún comentario o incluso usado algún que otro sinónimo guay (micción), pero creo que más o menos se cumple lo que he dicho. Evidentemente dramatizo algunas cosas, pero quizás me supera más mi necesidad de volar, que mi necesidad de ensañarme. Volar de una sensación de pena por lo mal que se venden las cosas y lo mal que se educa a la sociedad, por parte de un medio tan importante como es la televisión.

*Niños desnutridos



miccionar


1. intr. orinar (expeler la orina).

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